La comarca de La Janda es un lugar especial y eso es algo que nosotros sabemos desde siempre. Pero que se haya convertido también en el rinconcito de tantas personas que descubren los beneficios de la vida en el sur nos hace sentir orgullosos.
Desde hace poco más de dos décadas, el turismo no ha parado de crecer, y con ello, creado un filón para acercar nuestro entorno, nuestra cultura y nuestra forma de vivir a todos aquellos que han elegido un lugar de La Janda para no querer acordarse de la rutina. Este verano no ha sido una excepción y, de nuevo, miles de visitantes han llenado las playas desde Zahara de los Atunes hasta Conil de la Frontera, han disfrutado del atún de Barbate, de la belleza patrimonial de Vejer o de la historia trimilenaria de Medina Sidonia.
Pero esto no es excusa para que también seamos conscientes de que aún necesitamos seguir desarrollando esa infraestructura turística por el bien de nuestros propios vecinos. Aún es necesario que las administraciones se pongan las pilas y refuercen servicios como los de limpieza y seguridad a nivel local, o la gestión sanitaria y las comunicaciones a un nivel autonómico y nacional. También es necesario crear un modelo turístico sostenible, que de empleo estable a nuestros ciudadanos no solo en julio y agosto, mientras muchos de ellos dependen de cotizar lo suficiente para poder sobrevivir el resto del año con un subsidio o una prestación por desempleo.
Por eso, hoy queremos dedicar este editorial a los verdaderos héroes del éxito turístico: todos esos trabajadores de la hostelería, del comercio local, pequeños empresarios y emprendedores que sostienen este sistema, que son nuestra carta de presentación y se esfuerzan durante varias semanas para que quien viene se sienta como en casa. Va por todos ellos porque, sabiendo lo duro que es el trabajo durante el verano, aguantan jornadas maratonianas, cansancio y le echan mucha paciencia, no siempre en las mejores condiciones laborales, para que otros sean embajadores de nuestra tierra.




