Aunque pueda parecer sorprendente (son muchos los siglos que llevamos recorridos), aún, como si de una pesadilla se tratase, estamos reivindicando derechos que deberían haber sido conquistados hace siglos. Derechos cuya no existencia real resulta un auténtico insulto a la inteligencia, la humana, y nos alejan de ese supuesto papel de especie dominante.
Y es que, que a estas alturas de la película las mujeres y también muchos hombres (afortunadamente cada vez más) tenga/tengamos que levantar la voz, salir a las calles y parar nuestra actividad laboral para reivindicar la igualdad de género resulta cuando menos inexplicable, ininteligible, inasumible, infumable… impresentable.
Una realidad, la de la falta de igualdad de derechos y oportunidades, de la que, desgraciadamente, no son ajenas las mujeres de la comarca de La Janda, a las que ni se las trata, valora y paga igual que a los hombres.
Las calles y plazas de La Janda deben ser un clamor en favor de la igualdad entre hombres y mujeres
Mujeres que a lo largo de la historia han visto aún más lastrados sus derechos y oportunidades por vivir y trabajar en un entorno, el rural, en el que, según todos los estudios, son menos valoradas y existen mayores comportamientos machistas.
Mujeres que han sido y son el pilar de sus familias y que, aún hoy día, se ven obligadas a renunciar a sus carreras profesionales o, en el mejor de los casos, se ven obligadas a compatibilizarlas con las tareas domésticas.
Una brecha que la crisis se ha encargado de agrandar y a la que, desgraciadamente, hay que unir la falta, histórica, de una apuesta decidida por la igualdad, la real, por gran parte de los partidos políticos y, más recientemente, por los planteamientos y pensamientos retrogrados de otros, otro.
Es por ello que este viernes, quizás más que nunca, hay que movilizarse y visualizar de forma rotunda el desacuerdo de la sociedad, de la jandeña, con todas aquellas políticas y prácticas que no van en favor de la igualdad entre hombres y mujeres.
J.M. Reina




