Se cumplen 50 años del derribo de las chabolas cuyos vecinos fueron alojados en viviendas sociales
Hubo una época en la que gran parte de la población de Barbate vivió en chabolas. Así se originó el Zapal, el barrio humilde del extrarradio que se mantuvo cien años en pie y se cree que pudo llegar a los 3.500 habitantes en los años de bonanza del municipio. Este año se cumplen 50 años desde la demolición de estas chabolas, un hito que inició la era moderna de la localidad al tiempo que finalizaba el esplendor económico del sector pesquero.
Contrariamente a la leyenda popular, la palabra Zapal no viene de los sapos que pudiera haber en la zona, sino de la palabra ‘sapal’, marisma o salina en portugués. Así lo explica el historiador local Antonio Aragón, que relata que «la primera almadraba de Barbate se instala en 1874 y parece ser que al pueblo vienen muchos trabajadores de Huelva, donde en algunos pueblos por cercanía se habla algo de portugués». Está constatada la relación de los almadraberos con la vecina provincia, así como la llegada de portugueses en busca de un sustento en la captura del atún.
«Eran trabajadores eventuales que al principio hacen chozas de castañuelas y pajas en la zona de las Casetas del Río, lo que se conoce como el Zapal Chico», narra Aragón. «Después se trasladan a otra zona del extrarradio frente a la playa, desde la carretera del Faro hacia arriba, allí solo había entonces tunas y el pinar», cuenta.

Durante los siguientes 80 años el Zapal sigue creciendo en población, llenándose de gente que llegaba a la localidad buscando un sustento en el creciente sector pesquero. Un poblado donde las chabolas pasan de las castañuelas a las planchas de metal en los años 20 y en sus últimos años hasta las casetas de ladrillo.
«Sus gentes tenían por baño un cubo, una fogata fuera de la chabola para cocinar y el habitáculo estaba reservado para dormir», argumenta el historiador. No había alcantarillado, ni luz, ni ningún tipo de saneamiento. Las chabolas eran calurosas en verano, frías en invierno y solo tenían una puerta con una red, aunque sus paredes estaban llenas de recovecos que dejaban a sus habitantes a merced del clima, todo ello en calles de tierra y fango, y con una enorme cantidad de moscas atraídas por el pescado. Hasta tres incendios se producen en el poblado en sus cien años, el último de ellos en los años 20 y que es relatado en la época por Miranda de Sardi en El Heraldo de Barbate.
En 1938 Barbate se independiza de Vejer, aunque el Zapal no deja de crecer. El padrón conservado en el Archivo Municipal de 1940 data unos 3.200 habitantes, pero Juan Marsé en su libro ‘Viaje al Sur’ habla hasta de 3.500 moradores en los años 60.
En estos años Barbate deja de recibir gente y la tendencia cambia hacia un pueblo inmigrante, todo ello propiciado por la decadencia del sector pesquero. Ahí comienza a planearse el traslado de los vecinos con la construcción de viviendas sociales. La Administración local cuenta con la colaboración del Ministerio de Vivienda y la Diputación, y consta que incluso constructores particulares aportan materiales para las nuevas barriadas, conocidas hoy en día como Bahía de Barbate (La Fátima), El Pinar y El Matadero.

Este proceso culmina en 1974, cuando el alcalde Diego López Barrera finalmente ejecuta la demolición de las chabolas, una vez reubicados los vecinos. Esto supone la entrada de Barbate en la era moderna, aunque también el final de la bonanza del municipio, que se encuentra inmerso en una crisis de la pesca y que al año siguiente también sufrirá una crisis política con la caída del régimen franquista.
¿Pero hubo un interés mayor que el de mejorar la vida de los vecinos? Antonio Aragón argumenta que solo podemos teorizar sobre ello, aunque la reubicación no atajó los problemas sociales que llevaban sus vecinos. «Los sacaron de un cuchitril para meterlos en otro, eran familias numerosas que salían de una chabola para meterse en un piso y a algunos les quitaron el sustento porque no pudieron llevarse a los animales que tenían», afirma el historiador.
En aquella época puede que ya hubiera un interés urbanístico sobre los terrenos. Lo cierto, es que hoy el Zapal sigue siendo un terreno baldío, ahora en manos privadas, que con los años ha quedado en pleno centro del pueblo y que sigue esperando su momento para ser parte del futuro de Barbate.




