miércoles, abril 22, 2026
spot_img
InicioOpiniónLa Opinión de Carmen Tena: "Hola y Adiós. Era Sabiniana"

La Opinión de Carmen Tena: «Hola y Adiós. Era Sabiniana»

Era mediados de junio de 1985. Por casualidad o milagro, nos enteramos de que Joaquín Sabina actuaba en Don Benito, Badajoz. Con poco tiempo, escasísimo dinero, ninguna responsabilidad y toda la ilusión subimos, alguno más que cinco, a un Renault 5, motor viejo y dudoso chófer. Las entradas, muy baratas o gratis. No habíamos salido muy bien de Cáceres cuando nos pusimos a entonar, como si no hubiera un mañana, Calle melancolía, Cuando era más joven, Whisky sin soda, Princesa… Repertorio que nos sabíamos muy bien porque lo practicábamos bastantes tardes y noches cuando estábamos contentos con acompañamiento de guitarra y todo.

El concierto fue al aire libre, no era un estadio de fútbol ni parque, el espacio lo tengo muy borroso en la memoria. Para colmo de nuestra felicidad Luz Casal, que aún no era marquesa, actuaba casi de telonera y nos desgañitamos con Rufino. Los dos estuvieron geniales. Cercanos a un público feliz que no paraba de moverse y bailar por aquel campo, no cesaba de acompañar a los artistas en sus canciones. Qué bellas las noches del mes de junio.

La vuelta no fue tan efusiva. Íbamos cabizbajos, afónicos, agotados, rumiando en silencio nuestra irresponsabilidad y el plan del día siguiente. Todos los ocupantes de aquel R5 teníamos exámenes. De estructuras, de penal, de farmacología, yo de latín, Cicerón, Salustio, César… No di una en el clavo y era el inicio de lo que muy libremente había elegido para estudiar, Filología Hispánica, y a lo que de una forma u otra quería dedicarme. Entonces desconocía que mi admirado cantautor también había cursado estudios de la misma carrera en Granada pero en época más convulsa. Él, en principio, también iba para profesor de instituto de lengua y literatura “que escribiría alguna novela”.

Este septiembre, cuando “el maestro” ha actuado en Sevilla, en La Maestranza, yo estaba allí en un sitio con muy buena visibilidad. El público sentado. Entradas caras y compradas con nueve meses de antelación. Coche seguro y confortable. Acompañantes responsables, hotel boutique en el centro y luna llena. Jueves. Sabina majestuoso. Qué lejos de aquel joven tan delgado y canalla. Su voz más hermosa que nunca. Un hombre emocionado, sincero, agradecido, “tan joven y tan viejo”. Cantó de todo su repertorio, antiguo y nuevo, eché de menos De purísima y oro. El público, más variado que aquel primer concierto, se entregaba con todas sus canciones. Había gente que lloraba. Él no paraba de dar las gracias.

La música siempre toca el alma. Y esa noche me la tocó bien y me llevó a la víspera juvenil de mi examen de latín. Pensaba en Cicerón, en Salustio, claro que habían tenido importancia en mi formación pero pensaba que más veces había recurrido a Sabina con la métrica, rimas, figuras literarias, intención comunicativa… en mis clases que a los clásicos. Que su música me acompañó siendo estudiante, parada, opositora, profesora y ahora jubilada. Es una de las bandas sonoras de mi vida y me siento orgullosa de que yo le descubriera a mi madre a Sabina, que le encanta. Mi madre es de 1927.

Y este 4 de septiembre de 2025, jueves, noche que podría haber dormido a pierna suelta porque no tenía ninguna responsabilidad al día siguiente, no pude dormir, por la emoción por la luna llena, por la etapa que cerraba ese día, había sido mi último día de instituto, había salido aquel mediodía por las puertas del centro, deseosa del concierto, como profesora y esa profesora de lengua y literatura había dejado de serlo cuando abandonaba la maestranza con luna llena.

(Era sabiniana y lo sigo siendo).

OTROS REPORTAJES
- Advertisment -spot_img

MÁS POPULAR

Recent Comments