El proyecto liderado por el Ayuntamiento de Vejer de la Frontera y financiado junto a la Diputación de Cádiz busca poner en valor una de las grandes joyas del patrimonio de la localidad y de la comarca de La Janda.
Uno de los rincones naturales y paisajísticos más bellos de la comarca de La Janda, de su zona litoral, se localiza en uno de los múltiples núcleos rurales que conforman el término municipal de Vejer de la Frontera. Su nombre, Santa Lucía.
Dominada por el agua, esa que da vida a una exhuberante vegetación (higueras, cañas, mimbreras, zarzas, acebuches, alcornoques, lentiscos, granados y algarrobos) y de la que hablan viejos molinos de origen islámico, atesora en sus entrañas una de las joyas del patrimonio de Vejer y La Janda, su acueducto.
La iniciativa municipal contempla tareas de saneamiento de llagas, limpieza de cal de la atarjea, etc.
Levantado en torno al siglo XVI, durante siglos ha ‘bañado’ los campos de la zona en favor de uno de los territorios más productivos del término municipal.

Un acueducto al que no ha perdonado el paso del tiempo y en el que ahora se está actuando. Concretamente, se está procediendo a su puesta en valor de la mano del proyecto presentado por el Ayuntamiento de Vejer de la Frontera, redactado por el arquitecto técnico Manuel Revuelta y aprobado por la Comisión Provincial de Patrimonio de la Delegación Territorial de Cultura de la Junta de Andalucía en Cádiz.
Dicho proyecto, que comenzó a ejecutarse hace unas semanas, contempla la eliminación de la abundante vegetación existente sobre los paramentos y, por otra parte, la limpieza de la cal de la atarjea con el objetivo de que el agua pueda volver a circular por este canal, después de que por motivos de conservación del monumento, fuera necesario desviar el cauce hace meses.
También se están saneando los paramentos, limpiando las llagas entre los sillares y ladrillos de los arcos, grapando las hendiduras con varillas de fibra de vidrio y enluciéndolo con la misma técnica y materiales que se hizo en origen, gracias a los datos aportados por los sondeos arqueológicos que se realizaron con carácter previo a esta intervención.
Estudios que,dirigidos por el arqueólogo Municipal Juan Jesús Cantillo, arrojaron que, a diferencia de lo que se pensaba hasta la fecha, el acueducto no es de origen romano, sino que su construcción debió levantarse posiblemente en el siglo XVI, es decir, en la misma fecha que el resto de molinos de agua, siendo reforzado uno de sus arcos en el siglo XIX.
En esta misma intervención también se documentó por primera vez otro tramo de acueducto paralelo al existente, cuya cronología es con total seguridad anterior.
En el marco de este proyecto de restauración también se está interviniendo en la zona más inmediata del entorno del acueducto de Santa Lucía, acondicionándolo para mejorar la visión del monumento y facilitar el tránsito de los cientos de transeúntes que visitan cada año este paraje natural.
Esta obra está siendo financiada por la Diputación Provincial de Cádiz y el Ayuntamiento de Vejer de la Frontera.
Destacar que este proyecto se enmarca en el expediente que presentó la Delegación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Vejer para declarar Bien de Interés Cultural todos los molinos harineros de Vejer con arreglo a la topología de lugar de interés etnológico, un expediente que se está tramitando desde la Delegación Territorial de Cultura y que se prevé sea incoado en las próximas semanas.
TIERRA DE MOLINOS
Cabe apuntar que los molinos existentes en Santa lucía, alimentados por el agua que brotaba del manantial de La Muela, se convirtieron a lo largo de siglos en piezas clave para la supervivencia de los habitantes de este núcleo y de la propia Vejer de la Frontera.
No en vano, en estos molinos se trituraba gran parte del trigo que se cultivaba en la zona y del que se obtenía uno de los productos básicos para la alimentación, la harina.
El Garrobo, El Batán, El Nuevo, El Cubillo, La Teja y La Torre son los nombres de los primeros molinos que se documentaron en un ya lejano 1509, molinos a los que, ya en el siglo XVIII, se unió el conocido como el del Hoyo.




