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La Opinión de Carmen Tena: «Una vivienda necesaria»

Por fin este país se ha levantado para protestar por la vivienda, falta hacía y mucho se ha tardado. Ha sido emocionante la respuesta de una parte de la sociedad a partir del desahucio de la casi nonagenaria y desvalida Mari Carmen.

Los jóvenes creen que les ha tocado el peor momento en cuestión de viviendas, no es cierto. Cuando miles de emigrantes andaluces, extremeños o manchegos emigraron en la dura posguerra a ciudades como Madrid o Barcelona no lo tuvieron nada fácil. Varias familias se veían obligadas a compartir piso porque no se podían permitir pagar un alquiler por separado. En otros casos levantaron con sus manos chabolas en los suburbios donde poder vivir o malvivir. Estos barrios de la vergüenza fueron derribados y a sus habitantes se les proporcionó un piso digno pero aún siguen en pie en nuestra capital asentamientos como Cañada Real, a veinte minutos de la acampada levantada como protesta.

En los años ochenta del siglo pasado, estudiantes llegados a capitales de provincia en la que nacían universidades se veían abocados a vivir en pisos o casas, por llamarlos de alguna manera, que distaban mucho de lo que era una habitabilidad reglada y digna. Alquilaban muy caro lo que fuese, incluso un garaje. Era demasiada la demanda y había que pasar por lo que los caseros imponían. Así empezaban a hacer el agosto muchas personas. Y encima callar y no exigir nada. Colchones con muelles rotos, ausencia de lavadoras, menajes de cocina dignos de basureros.

A principios de los noventa, en Sevilla con la Expo 92 y en Barcelona con la Olimpiadas, el
precio del alquiler era una indecencia. Personas con un sueldo bastante aceptable no se podían permitir vivir solos porque más de la mitad de lo que ganaban era para pagar el alquiler. Si te venías a la costa encontrabas pisos en primera línea de playa por una cuarta parte del precio de la capital andaluza durante el periodo escolar, de septiembre a finales de junio, no más tarde del veinticinco. Julio y agosto peregrinaje con la casa a cuestas o repartida en trasteros de amigos bondadosos y afortunados de no tenerse que dejar todos los junios sus viviendas.

La subida de los alquileres y la compra no ha parado de subir y subir y nos hemos ido adaptando, no hemos dejado ni de alquilar ni de comprar, muchas veces más rentable lo último. Nos hemos quejado en la intimidad, a los amigos pero no nos hemos organizado para parar este despropósito y decir basta. Hemos dado por válida una situación inadmisible, caseros que cobran en negro y no declaran, caseros que no te hacen contratos, caseros que te echan a la calle en junio, caseros que han convertido en una habitación más el salón para ganar más y dejar menos espacio a sus moradores, estudiantes sobre todo. Si no te interesa tengo gente en la cola. Personas que viajan cada día de Ciudad Real o Toledo a Madrid para trabajar en una ciudad donde no pueden vivir. Caseros a los que no les gusta tu aspecto y no te alquilan. Caseros que te piden seis meses por adelantado. Un drama.

Ahora, en precampaña electoral y a partir del desahucio de Mari Carmen, el líder de la oposición propone la construcción de mil viviendas. Aunque fuesen cinco mil las que se construyeran el problema continúa. Claro que hay que construir vivienda pública y crear vivienda pública de alquiler pero hay que parar la subida de los precios abusivos y, no estaría mal, revisar el fraude que se lleva a cabo con vivienda pública. Todos conoceremos casos de personas propietarias de VPO, asignadas por una mano amiga del ayuntamiento que sea, que alquilan a precio alto y sin contrato. Estafa total que no se atreven a denunciar quienes las alquilan. Viviendas en terrenos cerca del mar no urbanizables dentro del mayor rango de ilegalidad, sin contrato, pagando en negro un pastizal y haciendo las maletas a finales de junio para quintuplicar el precio a los veraneantes.

Siempre se necesitarán casas en alquiler, la gente se mueve y va de un lado para otro por trabajo o por estudios. Existen personas con espíritu nómada, almas que prefieren un alquiler en lugar de una hipoteca. Hay caseros justos y decentes que alquilan, no con conciencia social, que también, sino con honestidad, y ponen un precio acorde con los sueldos que se perciben en este país, que hacen contratos según ley y declaran a Hacienda y que ayudan a que tu vida en esa casa sea agradable. Una cama más grande, un colchón de tu gusto, un congelador extra. Por suerte tenemos ese perfil de personas como caseros.

El problema y drama de la vivienda ha llegado al precipicio en el momento en el que los pisos turísticos, sin que nadie les haya parado los pies, se hayan ido adueñando de ciudades, en especial las grandes urbes, y las poblaciones turísticas escalando unos precios imposibles y expulsando a la población que trabaja y no veranea ni excursionea de esos lugares. Los ayuntamientos, sabiendo que de una casa hacen cuatro, miran para otro lado. En las ciudades, con la misma impiedad, de un bloque de vecinos hacen un bloque de apartamentos turísticos, fondos buitre. El local también va fuera, lo que era una librería será un restaurante hortera y caro, de la misma empresa que el fondo que lo compra todo. Para más INRI casi todos los pisos turísticos generan trabajo precario con mano de obra
barata.

El Estado, sea Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o Gobierno de la nación que dicta leyes, tiene que resolver el problema de algo tan fundamental y necesario como la vivienda. Tendrá que poner topes a los precios, obligar a que no haya tanta segunda residencia o casas vacías, no dar tanta licencia urbanística a las superconstructoras en las zonas turísticas, facilitar la conservación de los cascos urbanos para que no se caigan a pedazos en algunas zonas, controlar las construcciones ilegales y tantas cosas que no se están haciendo.

El Estado tiene que resolver este problema ya. Si a Mari Carmen no le hubieran subido el
alquiler a esa cuantía imposible y hubiera estado legislado un precio razonable y acorde con su pensión de jubilación, no hubiéramos tenido que asistir al denigrante y triste final de esta señora. Lo positivo de todo esto es ver cómo tanta gente, sobre todo jóvenes, ha despertado y está protestando para conseguir lo que es justo y esencial en la vida. Ojalá solo sea el comienzo de una revolución necesaria para una vivienda necesaria.

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