Diez burros andaluces recorrerán el Camino Primitivo hasta la Plaza del Obradoiro para reivindicar una raza autóctona en peligro de extinción y recuperar la memoria de un animal que durante siglos acompañó la vida rural.
Hay caminos que se hacen para llegar a un destino y otros que se recorren para que algo no se pierda. Este sábado, 1 de agosto, diez burros andaluces emprenden desde Andalucía una nueva aventura hacia Santiago de Compostela. Lo harán siguiendo el Camino Primitivo, en una ruta de unos 180 kilómetros que culminará el 13 de agosto en la Plaza del Obradoiro. Detrás de la expedición está Antonio Coca, vinculado a ASNOPRA, la Asociación del Asno Pura Raza Andaluza, y al centro de recuperación Fábula Rural, en Alcalá de los Gazules. El viaje no es solo una peregrinación: es una llamada de atención para que el burro andaluz siga teniendo un lugar en el futuro.
Durante siglos, el burro andaluz estuvo en las casas, en los campos y en los montes. Fue compañero de fatigas, animal de trabajo y una pieza imprescindible de la economía rural. Pero la mecanización cambió su destino. “Hasta los años 60 la mecanización lo desplaza a un segundo plano y comienzan a ir a mataderos”, explica Coca. Hoy quedan menos de 500 ejemplares en todo el mundo, una cifra que convierte a esta raza en un patrimonio vivo extraordinariamente frágil. ASNOPRA nació precisamente con esa misión: preservar la raza, darle visibilidad y conseguir que nuevos ganaderos se sumen a su conservación.
En lugares como el Parque Natural de Los Alcornocales, el burro todavía permite recordar por qué fue tan importante. Allí donde el terreno se vuelve abrupto y la maquinaria no puede entrar, los animales siguen siendo capaces de alcanzar rincones imposibles. “Para llegar a los terrenos más abruptos y recónditos del monte hacen falta animales”, cuenta Antonio. Y recuerda una relación que a menudo pasa inadvertida: para que existan mulos también hacen falta burros. Pero su valor no termina en el trabajo. Coca insiste en que es un animal “súper inteligente y agradecido”, con una capacidad de orientación y una inteligencia social que desmontan el viejo tópico de llamar “burro” a quien no sabe o no entiende.
El Camino de Santiago será ahora su particular escenario. En 2022 ya recorrieron el Camino Francés y este año la expedición se adentra en el Camino Primitivo. Los diez burros proceden de distintos puntos de Andalucía y viajarán acompañados por sus cuidadores, alternando tramos a pie y a lomos de los animales. Porque peregrinar con un burro no significa precisamente elegir el camino fácil. “Es imposible que una persona haga 170 o 180 kilómetros montando un burro”, explica Coca. Los animales, de gran envergadura —entre 1,45 y 1,60 metros a la cruz—, pueden cargar sin dificultad una parte de su peso, pero la ruta se plantea desde el respeto a sus necesidades y a su propio ritmo.
Y cada burro llevará consigo otra historia que también amenaza con desaparecer. Los animales irán aparejados con piezas elaboradas por talabarteros de sus respectivas tierras, recuperando así un oficio tradicional ligado durante siglos al mundo rural. Antonio Coca llevará los aparejos realizados por Manuel Jiménez, talabartero de la zona. De este modo, la expedición no solo reivindica una raza, sino todo un universo de conocimientos y oficios que crecieron alrededor de ella. Hasta la propia actividad física forma parte de su bienestar: un animal acostumbrado históricamente al trabajo necesita movimiento. “Siempre ha sido el animal del pobre y comiendo muy poco ha trabajado mucho. Ahora es al revés: come mucho y trabaja poco”, explica Coca.
Por eso estos diez burros no caminarán únicamente hacia Santiago. Cada paso será una forma de recordar que conservar una raza también significa conservar una parte de nuestra historia. Antonio Coca y sus compañeros quieren llegar el 13 de agosto a la Plaza del Obradoiro, pero el verdadero destino está mucho más cerca: conseguir que el burro andaluz vuelva a ser conocido, valorado y cuidado. En las redes de ASNOPRA y Fábula Rural irán contando la aventura. Y mientras avanzan por el Camino Primitivo, estos animales nobles, fuertes y sorprendentemente inteligentes llevarán sobre sus lomos algo más que aparejos: la esperanza de que una raza que acompañó durante generaciones a nuestros pueblos pueda seguir caminando muchas más.




