El veterano cantaor de Paterna, referente de la petenera y símbolo del flamenco más puro, recibe el Premio SER+ de la Cultura por una vida dedicada a preservar la raíz sonora de Andalucía
En Paterna de Rivera, donde el flamenco se respira en cada esquina, la voz de Rufino García Cote, conocido artísticamente como Rufino de Paterna, sigue sonando con la misma hondura que cuando era un joven cantaor que soñaba con los escenarios. A sus 87 años, acaba de recibir el Premio SER+ de la Cultura, galardón que la Cadena SER La Janda le concede por su extraordinaria contribución al flamenco tradicional andaluz y por mantener viva la petenera, ese cante complejo y emotivo que identifica a toda una comarca.
«El cante por petenera es muy duro, hay que darle alto y bajo, y mucho sentimiento”, explica Rufino con la serenidad de quien conoce los secretos del compás. No todos se atreven con este palo, pero él lo ha hecho suyo desde los primeros concursos en los años sesenta, cuando ganó el Primer Premio Nacional de Cante por Peteneras en su tierra. En su bar, convertido en peña y refugio de artistas, se siguen escuchando las saetas, martinetes y carceleras que aprendió de los viejos maestros. “Me siento muy feliz, la gente me quiere y yo me doy a querer”, confiesa entre risas mientras prepara nuevos villancicos para las fiestas.
Rufino es depositario de los estilos más puros del flamenco: los cantes grandes, como él los llama, «la siguiriya, la soledad, la malagueña, el martinete… y también el fandango, que dice toda la verdad del alma flamenca». A lo largo de su carrera ha coincidido con figuras legendarias como Fosforito, Menese o Camarón, a quienes admira profundamente: “Han dejado un legado muy fuerte en el flamenco”, reconoce con humildad. Pero Rufino no se queda en la nostalgia; su compromiso con el presente se traduce en ensayos, grabaciones y una fe inquebrantable en el relevo generacional.
“El flamenco no se pierde, eso lo llevamos en el corazón”, asegura. Y lo dice con la convicción de quien ha dedicado su vida entera a que el cante no se apague. Distinguido con la Llave de Oro de la Villa de Paterna de Rivera, Rufino encarna la autenticidad y la constancia de un pueblo que vive el flamenco como se vive la vida: con verdad, sentimiento y memoria. Su voz, dulce y profunda, sigue recordando que la petenera no es solo un cante, sino un legado vivo que atraviesa generaciones.




