Los políticos se han subido a las redes sociales y de ahí no hay quien les baje. Habrán podido comprobar cómo en los últimos tiempos, se esfuerzan por aparecer en el mundo digital de manera continua, intensa y desbordante para contarles a sus seguidores y potenciales votantes todo lo mucho y bueno que dicen hacer. Ni que decir tiene que ese tipo de estrategias lejos de ser útiles, provocan el rechazo por insistentes, vacuas y cansinas. No lo digo yo, sino los gurús del marketing y la comunicación que de esto saben un poco, y que advierten que cada publicación en las redes sociales debe estar planificada, estudiada y valorada antes de subirla.
Esa constante venta de logros, actuaciones, fotos en actos, visitas a vecinos y variados selfies, impactan en el ágora digital de la peor manera posible, consiguiendo el efecto contrario y restando credibilidad al mensaje que pretende que cale en el intelecto de la gente. Y esto va por responsables políticos, candidatos y el resto de personajes que deambulan en esa ciénaga.
Sin embargo, lo verdaderamente preocupante ya no es que cada perfil político taladre machaconamente con todo tipo de publicaciones, sino que lo lamentable son los que aprovechan su posición de poder para utilizar sesgadamente las redes sociales que pertenecen a las instituciones públicas. Una práctica que va a más y que no conoce de colores políticos, sino de falta de escrúpulos y de una actitud medianamente digna que revela la verdadera intención del personaje. Asisto “ojiplático” a publicaciones en redes sociales que pertenecen a ayuntamientos que de manera desvergonzada hacen campaña a coste del ciudadano que paga la obra, el asfaltado o el limpiado de calles a mayor gloria del alcalde de turno. Y van más allá compartiendo o retuiteando inauguraciones de hace un par de años que vuelven a recordarle al ciudadano que fueron ellos los que pusieron la primera piedra o se encargaron de cortar la cinta. Póngales ustedes los adjetivos que más se ajusten a sus necesidades, pero es evidente que hemos subido un peldaño en la falta de respeto, dignidad y decencia, que diría mi madre, en una parte de la clase política que quiere hacer carrera a toda costa. A costa de los demás.
Juan Luis Iglesias




