sábado, marzo 14, 2026
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No todo vale y menos en política

Cierto es que lo que nos ocupa y preocupa desde que iniciamos esta aventura periodística se encuentra en clave local. Así lo anuncia nuestra cabecera y así lo venimos haciendo cada quince días.

No obstante, no podemos pasar de largo por hechos, cuestiones y opiniones que, aunque en clave regional o nacional, también nos afectan e, incluso, nos hieren. Y, además, lo hacen en lo más íntimo, en lo más básico: la vida y la dignidad de las personas.
Bien está que, como ha ocurrido toda la vida de Dios, la democrática, existan posicionamientos encontrados, diferentes, frente a temas que afectan a la ciudadanía, a sus territorios e historia.

Que dichos posicionamientos, ya sean de izquierda, derecha o centro, se defiendan con rotundidad, sin fisuras…apasionadamente. Esa es una de las ventajas del menos imperfecto de los sistemas de convivencia que, entre todos, hemos armado a través de miles de años: la democracia.

Dicho lo cual, hay fronteras que la historia, la nuestra y la de los pueblos, dice que no se deben cruzar. Fronteras que, una vez cruzadas, ya sea consciente o, lo que es peor, inconscientemente, abren caminos peligrosos y de incertidumbre. Caminos que llevan a episodios negros, a callejones sin salida que, siempre, se resuelven de forma dramática.
De ahí que no podamos mostrarnos impasibles ante comentarios tan desacertados e inhumanos como el que hace unos días realizaba un parlamentario de Vox, llamando buscadores de huesos a quienes, en un simple acto de justicia y humanidad, buscan los cuerpos de miles de personas a las que sus familias un día vieron marchar para siempre. Personas que fueron asesinadas en crueles anonimatos y cuyos familiares tan solo aspiran a recuperarlas para poder enterrarlas.

Vale que se quiera eliminar la Ley de Memoria Histórica, que se la quiera llamar de Concordia, pero cuidado, mucho cuidado con lo que se dice, con los odios que se siembran alegremente; sobre todo por parte de aquellos que están en posesión de la palabra, la pública, el arma más bella y peligrosa que existe, capaz de dar vida, pero también de quitarla.

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