Normalmente suelen coincidir las festividades del Día de la Madre y el Día del Trabajo. La primera no tiene una fecha exacta. Desde 1965 se celebra el primer domingo de mayo, antes de esa fecha, con todo el sentido, cada 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, madre de Jesús y de todos los católicos. Por lo que respecta a la segunda, Día Internacional de los Trabajadores, día instituido por el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, se celebró en España por primera vez el 1 de mayo de 1889, pero la manera de festejarla ha cambiado a lo largo del tiempo. Durante la dictadura franquista se celebraba como “Fiesta de la exaltación del trabajo” con un enfoque nacional-católico y sin ningún tipo de reivindicación. En 1955, Pío XII, decidió dedicar el 1 de mayo a la fiesta de San José Obrero o San José Artesano. A partir de 1978 fue nuevamente legalizada como Día Internacional de los Trabajadores y se celebra con manifestaciones y protestas para mejorar las condiciones del mundo laboral.
Pero resulta que en marzo, el 19, hay otra celebración de San José, concretamente la Solemnidad de San José como Día del Padre, que arranca a finales del s. XIV como tradición cristiana y continúa hasta nuestros días. En los años 40 del siglo pasado, una maestra de Madrid, Manuela Vicente Ferrero, comprensiva e igualitaria, impulsó la idea de rendirle homenaje a los padres para que no se sintieran desplazados por el amor materno filial. Y fue así como niñas y niños de Madrid iban llegando a sus casas con regalitos, postales amorosas y trabajos manuales para papá. Y como todo lo que se pone de moda en Madrid acaba exportándose al resto de España, todo este país ha sido testigo del despliegue de cartulinas, papel de charol, colas y cartones que terminaban en una bella y pegamentosa composición para entregársela al padre.
Esta idea tan arraigada en nuestro país ha dado un vuelco. La realidad social ha traído nuevos modelos de familia. Familias monoparentales, homoparentales, unipersonales, reconstituidas y nuevas formas como la coparentalidad o las parejas LAT (Living Apart Together). Ante esta diversidad familiar, la escuela, más la pública que la privada, y la que menos la escuela religiosa, ha optado por descelebrar el Día del Padre y sustituirlo por el “Día de la Persona Especial” o “Día de la Familia”, con el fin de que aquellas criaturas que carezcan de la figura paterna no se sientan desplazados ni raros. Y en estas circunstancias han puesto el grito en el cielo muchos padres machotes y tradicionales que arremeten contra “esas maestras feministas que adoctrinan a nuestros hijos y quieren borrar el Día del Padre”.
Lo que no se entiende es cómo San José, modelo de esposo, de padre, un hombre bueno, tranquilo, trabajador de su época, amoroso con su mujer y con su hijo adoptivo, artesano de la madera, no sea el mismo San José Obrero del 1 de mayo. ¿Era autónomo? ¿Pequeño empresario?¿Sindicalista? Seguramente el término “Obrero” no existía en aquella época.
Quizá la solución más acertada en esta época sería celebrar cualquier día de mayo, independientemente de santorales cristianos, directrices de grandes almacenes o sindicatos. Día del Padre y de la Madre, juntos, pues aunque esté ausente alguno de ellos, los dos están en el origen del ser. Celebrar el día del Obrero, del Empleado o Asalariado, del Empresario, del buen empresario. Celebrar el día del Paro, de los que buscan un trabajo, sobre todo un trabajo justo y digno, y dejarnos de pamplinas con derroche de cartulinas en los colegios y así contribuir un poquito con la ecología y olvidarnos de tonterías del día de la “Persona Especial”.
Que cualquier día de mayo celebremos la madre, el padre, el primo, la prima (no de riesgo) y el suegro y la suegra. Cuánto hubiera dado el protagonista de El romance del prisionero, “Que pormayo, era por mayo,/ cuando hace el calor,/ cuando los trigos encañan/ y están los campos en flor,/cuando canta la calandria/ y responde el ruiseñor/ cuando los enamorados/ van a servir al amor…”por haber estado libre y poder mirar y vivir la naturaleza en todo su apogeo.




